El cásting…

Publicado: 19/01/2011 en Cásting, Preproducción
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Los actores son una parte muy importante de una película. Un buen director, con un buen guión, puede hacer una malísima película si tiene malos actores. Por el contrario, un mal director, con un buen guión, puede salvar el producto final si tiene buenos actores. Así que elegir a unos buenos actores es crucial (porque está por ver que seamos buenos directores). Y para eso se inventó el cásting, o como se dice en castellano: la audición.

Dadas las premisas desde las que partíamos para esta película, teníamos que buscar un gran número de actores. No sólo tenemos el papel de Teresa y de Mariano, como protagonistas, o de Ramón como elemento de discordia. Necesitábamos un nutrido grupo de secundarios: Arturo, el militar de carrera; Dolores, la amiga “picantota”; Vicente, el pelota; Juana, la entrañable abuelita… y así, hasta llegar a quince.

El Ayuntamiento reservó una tarde el teatro municipal, que será también donde se estrene el cortometraje cuando lo terminemos, para que los mayores apuntados hicieran la prueba. Y nosotros teníamos dos misiones esa tarde: encontrar a nuestro elenco de actores y, también, hacerles pasar un rato divertido.

Ellos no sé si se lo pasaron muy bien, entre otras cosas porque la mayoría estaba muy nervioso y muchos no se sabían el papel demasiado bien. Pero yo he de admitir que me lo pasé estupendamente. Y ya no sólo por las entrevistas en la radio y en la prensa escrita, ni tampoco porque viniera Telemadrid y nos grabaran en directo. Sino porque los mayores se involucraron y quedó un casting ameno.

A falta del vídeo de Madrid Directo, que hemos pedido y han prometido mandar en DVD, os dejo con una gran película, llena de secundarios de lujo (y que demuestra que la elección de actores es fundamental).

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comentarios
  1. JUAN MANUEL SUÁREZ dice:

    Uno piensa que ya está de vuelta de todo. Cree que lo tiene todo controlado, que nada le puede fallar. Se ha aprendido en cuestión de segundos la frase que le han asignado para el casting. Presume de poseer una buena memoria. Es capaz de recitar con una buena modulación de voz y con una excelente dicción hasta una veintena de poemas. Tiene experiencia sobrada en hablar en público. Ha sido presentador de distintos eventos micrófono en mano. Y te colocan ante una cámara inquisitiva que va a registrar hasta lo más mínimos detalles de tu ser: tus gestos, tu expresión, tu mirada, tu sonrisa, tus arrugas, tus carencias, tu alma… Y te sientes desnudo, cohibido, nervioso, sudoroso, agitado, descontrolado. Estás ante el gigantesco ojo del Gran Hermano al que nada de tí se le escapa; estás inerme, vigilado, controlado empequeñecido… ¿Qué hacer? ¡Echarse a temblar! El objetivo de la cámara se muestra implacable y tú balbuceas la dichosa frase como un niño tembloroso al que le empiezan a oler los pañales. Te has desmoronado y la cámara te ha puesto en tu sitio: no eres perfecto; te queda mucho que aprender.

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