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Juan Manuel, hace de Arturo

Juan Manuel, hace de Arturo

Por fin llegó el gran día. El día más esperado por nosotros. Un día memorable que permanecerá con toda seguridad en el recuerdo de nuestros nietos y que estamos convencidos de que será digno de ser especialmente recordado, entre otras razones:

Por ser un mediometraje extraordinariamente divertido, trepidante y de gran comicidad, por la singularidad de sus protagonistas y por el espectacular trabajo de producción de un joven equipo de realización que con su fabulosa creatividad, su laboriosidad, su perfeccionismo y su profesionalidad han culminado con éxito, (estoy completamente seguro,) un dilatado proceso de creación cuyo resultado todos estamos ansiosos por presenciar.

Para nosotros, los mayores de Pinto, ésta ha sido una experiencia realmente divertida, enriquecedora, gratificante e inolvidable. Es cierto que hemos pasado por momentos muy duros e inquietantes, empezando por el dichoso casting, en que el objetivo de la cámara nos intimidó a la mayoría y nos ofuscó la mente de un modo sorprendente y frustrante; o por algunas agotadoras jornadas de rodaje; o, como en mi caso, cuando van y te dicen: “tienes que aprenderte esta coreografía, vestirte con tus mejores galas, atarte sendos pañuelos de colores en las muñecas y danzar durante toda la tarde en la plaza de la Constitución con gráciles movimientos cual si de una garbosa o pizpireta gogó se tratara”. O como cuando te entregan una voluminosa caja envuelta con papel de regalo y te hacen pasar toda una calurosa tarde corriendo por las calles del barrio del Prado en pos del desleal mudito de los “………” O como cuando tuviste que hacer un exhaustivo seguimiento del sujeto, con un walky talky en la mano y dando atronadoras voces a mi colega, en un diálogo de besugos, porque no se me enteraba de nada, ante el asombro de los peatones y encima en uno de los lugares más transitados del pueblo: el Egido de la Fuente. O como cuando te dicen que enarques la cejas, guiñes un ojo, saques la lengua o esboces disimuladamente un beso a tu compañero de mus al que, por cierto, considero tan machote como yo…

Hablando en serio, he de confesaros que hemos disfrutado de una experiencia realmente maravillosa realizada con toda ilusión y con el mayor sentido de la responsabilidad. Una experiencia que ha elevado nuestra propia estima debido ante todo a la confianza depositada en nosotros por todo este fantástico equipo artístico.

Hemos conocido y convivido durante un tiempo con entrañables compañeras y compañeros con los que hemos compartido temas de conversación, bromas y situaciones jocosas. Hemos traspasado la pantalla en definitiva y nos hemos adentrado en los secretos de aquello que por obra y gracia de estos magos fantásticos se transforma en esa magia del cine que nos hechizó por primera vez hace ya muchos años.

Hemos tenido la suerte y el placer de compartir el rodaje con actores expertos y consagrados, como Antonio Esquivias, actor sobre todo de doblaje, de voz cálida y profunda, o como mi compañero Ramiro del Pozo, riguroso, temperamental y con muchas tablas ya en la interpretación, que nos han motivado y nos han servido de ejemplo en numerosas ocasiones. Y también hemos degustado las deliciosas croquetas y los postres varios con que nos ha obsequiado la señora de Castelló, madre de los artífices de esta historia, Kike y Javi, y las sabrosas tortillas que aportó la madre de nuestro productor, David, y aquella gustosa ensalada que elaboró nuestra compañera Neli o las nutritivas migas de nuestra colega Manoli…

Y para finalizar tenéis que reprimir vuestra ansiedad y darme unos segundos más para poder expresar públicamente nuestro reconocimiento a todo el equipo que ha hecho posible esta película, con precariedad de medios financieros, personales y técnicos, pero con la enorme sensibilidad, cariño, consideración y simpatía que nos han brindado en todo momento. No puedo resistir la tentación de mencionar con gratitud al equipo de producción por su simpatía, eficiencia, cordialidad y polivalencia: ¡Gracias David Manzano, Tania Espada y José Manuel!; al director de arte, polivalente, educado y laborioso: ¡Gracias Ricky!; a las chicas de maquillaje, guapas, amables y profesionales, que enmascararon con destreza nuestras muchas imperfecciones cutáneas: ¡Gracias María, Saioa, Tania, Sonia, Pilar y Manoli!; a las chicas de vestuario, bellas, hacendosas y eficaces, siempre pendientes de nuestro atuendo, de la menor arruga o de la mota en el hombro. ¡Gracias Eva y Sonia!; al equipo de sonido, sigiloso y práctico, pendiente de las campanas de la iglesia o del más imperceptible roce. ¡Gracias Carlos 1, Carlos 2, Sergio, Héctor y Marcos! al gruísta, maquinista, actor y chico para todo, que manejaba con habilidad y simpatía su rústica dolly. ¡Gracias Juan Carlos “Apa”!; a la primorosa y meritoria ayudante de dirección, que lo mismo asesoraba que echaba una mano en maquillaje. ¡Gracias Cari!; a nuestros fotógrafos artísticos, silenciosos y merodeadores que nos sorprendían inesperadamente en cualquier situación. ¡Gracias Jose Manuel y Pedro! Y a Kike y Javi Castelló, guionistas, directores y cámaras, por vuestro arte y porque os lo habéis currado en definitiva, chicos. ¡Gracias Kike y Javi! Y ya sabéis, siempre a vuestra disposición. Aquí tenéis una nutrida cantera con mucho futuro, por cierto.

Nuestra gratitud, como no, al Ayuntamiento de Pinto que a través de su concejalía de Mayores nos ha brindado la oportunidad de participar en este proyecto y ofrecernos una actividad única e inédita. ¡Gracias Juanjo y Julia!

Y nuestro reconocimiento a todo el personal del Centro Santa Rosa de Lima por su desinteresado apoyo logístico y a aquéllos cuyos nombres no he mencionado por propio desconocimiento. ¡Gracias Diego, Miriam, Carmen, Isabel, Sonia y Carmen y a todos los anónimos!

Y gracias por último a doña Asunción Balaguer, gran dama de nuestra escena y una de nuestras más prestigiosas y apreciadas actrices, por habernos honrado con su presencia, por su apoyo moral y por haber compartido con nosotros algo de su preciado tiempo. ¡Gracias, doña Asunción!

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Estamos a falta de una semana para el estreno. Y desde que terminamos el rodaje hasta este preciso momento, todo ha sido frenético. Para empezar ha habido que ver los más de 10 horas de metraje que se han rodado al final… y no una vez. Después de elegir los mejores cortes, ordenarlos, ponerlos unos detrás de otros para completar el montaje. Y volver a verlos. Y no una ni dos veces. Volver a ordenarlos para mejorar el ritmo total y, una vez satisfechos, recortar un poco todo porque nos hemos ido de tiempo. ¿A ti qué te parece? Pues no sé, vuelve a darle a ver… así cuatro, cinco, diez veces… ya está.

Estamos todavía dentro de plazo, lo que es una buena noticia, pero Gonzalo, el músico, tiene que estar prácticamente día y noche con la banda sonora. No son canciones sueltas, sino que hay que hacer que la música, compuesta ex profeso para esta película, exprese lo que queremos decir, acorde con lo que está pasando en la pantalla, algo que llaman Mickey Mousing.

Entre tanto hay que liarse con la posproducción propiamente dicha. El color de los fotogramas hay que igualarlo, para que tengan cierta continuidad y las variaciones de luz no hagan que parezcan escenas independientes. A eso se le llama Etalonaje y hay que hacerlo plano a plano. Nuestra película tiene unos 500 planos. 500 planos… ¿A quién coño se le ha ocurrido meter tantos planos?

A la vez, hay que cuadrar el sonido obtenido con los micrófonos con el movimiento de la boca, de todas las bocas, para completar una pista de audio limpia. Lo que supone encontrar el corte bueno entre decenas de ellos. Y una vez terminado esto, tenemos que introducir los ruidos producto de la acción (que si una puerta cerrándose, el golpeo de un martillo, las ruedas de un carrito rodando por el asfalto), añadir sonido ambiental (pajaritos piando, el murmullo de la gente cuchicheando, el tráfico), efectos…

Estamos a una semana del estreno y nos falta todavía mucho por hacer…

¿Llegaremos?


De las 29 localizaciones previstas, seis o siete eran en exteriores. En principio, rodar en exteriores o hacerlo en interiores es lo mismo, salvo por el detalle de que se está en la calle. Y que hay gente pasando, y que el viento se cuela en los micros, que la luz no es controlada y que una nube puede fastidiar un plano y que para los pájaros ya ha llegado la primavera y pian, pian, pian sin parar… pero por lo demás, es lo mismo.

Agrupamos cuatro de esas localizaciones en un mismo día, para facilitar el traslado de material, y nos liamos a rodar. Aquí hay un pequeño resumen fotográfico de la jornada.


Hay una escena muy pequeñita, que en pantalla no durará más de 4 segundos, que querría destacar. Llaman a la puerta y Ramón mira por la mirilla. No es, por así decirlo, una escena trepidante. Pero me parece un buen ejemplo de lo que es hacer cine. La puerta era una vieja puerta que habían tirado al punto limpio, a la que se había puesto una mirilla y que estaba colocada en mitad de una habitación, apoyada en una silla para que no se viniera abajo. Y tres focos.

El set de rodaje

El set de rodaje

Y este es un fotograma del resultado final.

Fotograma de Ramón mirando por la mirilla

Fotograma de Ramón mirando por la mirilla

El trailer de Los Cojones 33…

Publicado: 29/03/2011 en Cine, Producción
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¿Cómo se hace una escena que estaba planificada con un pavo de 12 kilos cuando te traen un pollo asado de tamaño pequeño con una cantidad indeterminada de plumas de pavo real ensartadas por el culo? La respuesta es sencilla: improvisando mucho.

Una de las cosas buenas de contar con Ramiro en el reparto es que él está muy acostumbrado a resolver situaciones parecidas encima de un escenario y con público. Así que cogió las riendas de la escena, condujo a José Luis y Juan Manuel de la mano y nos sacó las castañas del fuego. Y Carmina y Margarita tomaron buena nota de lo que tenían que hacer.

Otro problema: la luz necesaria para resolver la escena de la puerta giratoria estaba totalmente fuera de nuestro alcance. Con los escasos 6 focos de teatro que tenemos a nuestra disposición, no sería posible crear el contraluz necesario. Pero lo resolvimos. Ahora sólo queda por ver si el resultado es el que esperábamos.



La escena del baile, la razón por la que aceleramos hasta el límite el ritmo de rodaje de la escena de la asamblea. En principio la idea había sido rodarla el mismo día que la escena del Boolywood, en la plaza del ayuntamiento. Pero como no pudimos ni empezarla por falta de luz, optamos por el plan B. Y el plan B surgió como por casualidad, al terminar el ensayo de la asamblea en el centro cultural Infanta Cristina… haciendo un poco de tiempo me metí en aula de exposiciones… y me di cuenta de que era un lugar ideal para hacer un baile.

Y lo hicimos. Como curiosidad, sólo decir que no sonó nada de música durante el rodaje…