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El cartel de Los Cuentos de la Taberna del Escocés con casi todo el elenco

El cartel de Los Cuentos de la Taberna del Escocés con casi todo el elenco

Toda elección requiere descartar todas las posibilidades hasta quedarse con una.

Eso es lo que se hace en un cásting: descartas actores para los diferentes papeles. Es inevitable. Y, quizá, ese sea un momento crítico para la película. Siempre queda la duda de que el elenco seleccionado sea realmente el mejor para interpretarla. Y no ya porque llegado el momento no lo hagan bien, sino porque no haya química entre ellos.

Hasta el momento he participado en dos cástings y, al finalizar la reunión de elección de actores, siempre me ha asaltado la misma duda: ¿Serán los mejores? En La Taberna del Escocés tuvimos mucha suerte, ya que los actores elegidos como primera opción nos digeron que sí. Y, a la postre, se demostró que había química entre ellos y no defraudaron a nuestras espectativas, sino todo lo contrario.

¿Pasaría lo mismo en LC33?

Así que no es de extrañar que la mañana en que hicimos la primera lectura de guión tanto mi hermano como yo fuéramos con cierto nerviosismo. Porque, para empeazar, escucharíamos las voces de nuestos personajes, veríamos el ritmo del corto y, sobre todo, veríamos si había química entre ellos. ¡Qué nervios!

Supongo que las carcajadas que nos provocaron durante la lectura terminaron por dinamitar los nervios.

¡Tenemos elenco!


El truco final, de Christopher Nolan

El truco final, de Christopher Nolan

Míralo. Ahí está el guión, terminadito. Y, oye, que no ha quedado nada mal. Tiene su presentación, su nudo (con lo complicado que es) y su desenlace. Es el momento de pasárselo al departamento de producción, para que hagan el desglose de escenas y una primera planificación, aunque sea provisional.

Pasan los días y los de producción ya tienen bastante adelantado el desglose. Pero, tras otra lectura del guión, nos damos cuenta de que el personaje principal no está bien definido del todo. O sea, nosotros sí sabemos cómo es el personaje, pero a lo mejor el espectador no. Así que hay que arreglarlo.

Los guiones son básicamente una sucesión de anticipaciones y cumplimientos. Una anticipación es un recurso, una imagen, un comentario aparentemente casual, algo que nos anticipa lo que va a pasar varios minutos después. Una buena anticipación es sutil y no se nota, pero nos resulta evidente cuando ha ocurrido el cumplimiento. Un ejemplo muy bueno de película con anticipaciones sutiles es El truco final, de Christopher Nolan. Un buen ejemplo de una película con malas anticipaciones es Avatar, de James Cameron, porque resultan tan evidentes que desvelan lo que va a pasar.

El problema que tiene introducir un elemento nuevo en un guión ya escrito es que ese elemento tendrá su cumplimiento y su anticipación. Así que una modificación pueden ser en realidad dos. Pero a veces son más. Los cambios van en cascada. Y no sería mayor problema… si no fuera por el trabajo ya iniciado por producción.

Somos unos guionistas muy odiados ahora mismo.

La modificación de la presentación de Mariano provocó cambios en las escenas 1 y 2, que pasaron a ser 1, 2, 3 y 4. La famosa escena 15 pasó a ser la 17, y la 18 se dividió en dos, pasando a ser la 20 y 21. Dicho así parece fácil… pero explícaselo tú a la directora de producción… que a mí me da miedo…


Hay un episodio de Frasier, la magnífica serie de televisión de psiquiatra de Seattle, en la que él y su hermano Niles se enfrascan en la escritura de un libro de psicología sobre hermanos. Para ello alquilan una habitación de un hotel, para no ser molestados, y se encierran durante un fin de semana dispuestos a darle al editor los tres capítulos prometidos.

Tras 48 horas, un mueble bar consumido entero (incluso las nueces de Macadamia, con lo caras que son), y un montón de botellas de vino vacías, sólo consiguen tener lista el primer párrafo:

Desde Rómulo y Remo hasta las hermanas Lennon, las relaciones fraternas han inspirado el debate psicológico en el mundo entero.

Pues algo así nos pasó a mi hermano y a mí con la primera escritura del guión. Nos encerramos un domingo en mi casa y, tras una jornada maratoniana de casi doce horas, no terminamos el guión. De hecho, sólo dejamos completamente terminada la escena clave de la película: el primer punto de giro y presentación del conflicto. Nosotros llamamos internamente a esa escena como “la número quince”, y segúramente nos refiramos a ella en más ocasiones, porque es con diferencia la escena más compleja de toda la película. En ella salen 10 actores con frase (los siete principales y otros tres más) y medio centenar de figurantes.

Vale que, por el camino, definimos la personalidad de los personajes principales y terminamos de fijar los diferentes nudos de acción. Pero lo escrito sólo representaba cinco páginas de las veinte que se le presuponían al corto.

Había que buscar un momento para escribir lo que faltaba. Pero antes… antes había que hacer la presentación oficial del proyecto a la gente…