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La diferencia entre un Trailer Teaser (que es lo que teníamos hasta ahora) y un trailer normal es que, en el primero, no se ofrece ningún tipo de información sobre el argumento de la película. Son sólo una colección de imágenes que llegado el caso no tienen por qué tener nada que ver con el aspecto final que tendrá la producción. O sea, que sólo valen para calentar el ambiente y picar la curiosidad.

Pero ya tenemos el trailer oficial, con bastante información y con el aspecto que tiene la película en pantalla. Vedlo aquí abajo.

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Y llegó el gran día.

El estreno es un acontecimiento excitante y, en cierta forma, hasta estresante. Porque, como autores, sabemos dónde hay que mirar en la pantalla y qué es lo que quieren decir exactamente los personajes con sus palabras o sus gestos. Pero a fuerza de verla una y otra vez, en la cabeza y en los monitores de previos, hemos perdido la perspectiva de la historia. ¿Hará gracia? ¿Se entenderá? ¿Sabrá la gente apreciar la sutileza de tal o cual comentario? Y pregunta más importante de todas… ¿Gustará?

En el estreno todas esas preguntas se ven contestadas.

La alfombra roja, la limusina de la que bajan guapos y guapas con sus mejores galas, los aplausos del público, las fotos… todo eso forma parte del estreno. Normalmente del estreno de un largometraje, pero casi nunca del estreno de un cortometraje. En realidad creo que es la primera vez que se hace algo así. Y, en mi modesta opinión, fue algo brutal.

Asunción Balaguer ejerció de madrina del evento, hubo palabras de agradecimiento por parte de los directores (improvisadas) y un genial discurso de Juan Manuel (muy preparado). Y, finalmente, se proyectó la película.

¿Gustó? No puedo responder por todos los allí presentes, pero yo diría que…


Juan Manuel, hace de Arturo

Juan Manuel, hace de Arturo

Por fin llegó el gran día. El día más esperado por nosotros. Un día memorable que permanecerá con toda seguridad en el recuerdo de nuestros nietos y que estamos convencidos de que será digno de ser especialmente recordado, entre otras razones:

Por ser un mediometraje extraordinariamente divertido, trepidante y de gran comicidad, por la singularidad de sus protagonistas y por el espectacular trabajo de producción de un joven equipo de realización que con su fabulosa creatividad, su laboriosidad, su perfeccionismo y su profesionalidad han culminado con éxito, (estoy completamente seguro,) un dilatado proceso de creación cuyo resultado todos estamos ansiosos por presenciar.

Para nosotros, los mayores de Pinto, ésta ha sido una experiencia realmente divertida, enriquecedora, gratificante e inolvidable. Es cierto que hemos pasado por momentos muy duros e inquietantes, empezando por el dichoso casting, en que el objetivo de la cámara nos intimidó a la mayoría y nos ofuscó la mente de un modo sorprendente y frustrante; o por algunas agotadoras jornadas de rodaje; o, como en mi caso, cuando van y te dicen: “tienes que aprenderte esta coreografía, vestirte con tus mejores galas, atarte sendos pañuelos de colores en las muñecas y danzar durante toda la tarde en la plaza de la Constitución con gráciles movimientos cual si de una garbosa o pizpireta gogó se tratara”. O como cuando te entregan una voluminosa caja envuelta con papel de regalo y te hacen pasar toda una calurosa tarde corriendo por las calles del barrio del Prado en pos del desleal mudito de los “………” O como cuando tuviste que hacer un exhaustivo seguimiento del sujeto, con un walky talky en la mano y dando atronadoras voces a mi colega, en un diálogo de besugos, porque no se me enteraba de nada, ante el asombro de los peatones y encima en uno de los lugares más transitados del pueblo: el Egido de la Fuente. O como cuando te dicen que enarques la cejas, guiñes un ojo, saques la lengua o esboces disimuladamente un beso a tu compañero de mus al que, por cierto, considero tan machote como yo…

Hablando en serio, he de confesaros que hemos disfrutado de una experiencia realmente maravillosa realizada con toda ilusión y con el mayor sentido de la responsabilidad. Una experiencia que ha elevado nuestra propia estima debido ante todo a la confianza depositada en nosotros por todo este fantástico equipo artístico.

Hemos conocido y convivido durante un tiempo con entrañables compañeras y compañeros con los que hemos compartido temas de conversación, bromas y situaciones jocosas. Hemos traspasado la pantalla en definitiva y nos hemos adentrado en los secretos de aquello que por obra y gracia de estos magos fantásticos se transforma en esa magia del cine que nos hechizó por primera vez hace ya muchos años.

Hemos tenido la suerte y el placer de compartir el rodaje con actores expertos y consagrados, como Antonio Esquivias, actor sobre todo de doblaje, de voz cálida y profunda, o como mi compañero Ramiro del Pozo, riguroso, temperamental y con muchas tablas ya en la interpretación, que nos han motivado y nos han servido de ejemplo en numerosas ocasiones. Y también hemos degustado las deliciosas croquetas y los postres varios con que nos ha obsequiado la señora de Castelló, madre de los artífices de esta historia, Kike y Javi, y las sabrosas tortillas que aportó la madre de nuestro productor, David, y aquella gustosa ensalada que elaboró nuestra compañera Neli o las nutritivas migas de nuestra colega Manoli…

Y para finalizar tenéis que reprimir vuestra ansiedad y darme unos segundos más para poder expresar públicamente nuestro reconocimiento a todo el equipo que ha hecho posible esta película, con precariedad de medios financieros, personales y técnicos, pero con la enorme sensibilidad, cariño, consideración y simpatía que nos han brindado en todo momento. No puedo resistir la tentación de mencionar con gratitud al equipo de producción por su simpatía, eficiencia, cordialidad y polivalencia: ¡Gracias David Manzano, Tania Espada y José Manuel!; al director de arte, polivalente, educado y laborioso: ¡Gracias Ricky!; a las chicas de maquillaje, guapas, amables y profesionales, que enmascararon con destreza nuestras muchas imperfecciones cutáneas: ¡Gracias María, Saioa, Tania, Sonia, Pilar y Manoli!; a las chicas de vestuario, bellas, hacendosas y eficaces, siempre pendientes de nuestro atuendo, de la menor arruga o de la mota en el hombro. ¡Gracias Eva y Sonia!; al equipo de sonido, sigiloso y práctico, pendiente de las campanas de la iglesia o del más imperceptible roce. ¡Gracias Carlos 1, Carlos 2, Sergio, Héctor y Marcos! al gruísta, maquinista, actor y chico para todo, que manejaba con habilidad y simpatía su rústica dolly. ¡Gracias Juan Carlos “Apa”!; a la primorosa y meritoria ayudante de dirección, que lo mismo asesoraba que echaba una mano en maquillaje. ¡Gracias Cari!; a nuestros fotógrafos artísticos, silenciosos y merodeadores que nos sorprendían inesperadamente en cualquier situación. ¡Gracias Jose Manuel y Pedro! Y a Kike y Javi Castelló, guionistas, directores y cámaras, por vuestro arte y porque os lo habéis currado en definitiva, chicos. ¡Gracias Kike y Javi! Y ya sabéis, siempre a vuestra disposición. Aquí tenéis una nutrida cantera con mucho futuro, por cierto.

Nuestra gratitud, como no, al Ayuntamiento de Pinto que a través de su concejalía de Mayores nos ha brindado la oportunidad de participar en este proyecto y ofrecernos una actividad única e inédita. ¡Gracias Juanjo y Julia!

Y nuestro reconocimiento a todo el personal del Centro Santa Rosa de Lima por su desinteresado apoyo logístico y a aquéllos cuyos nombres no he mencionado por propio desconocimiento. ¡Gracias Diego, Miriam, Carmen, Isabel, Sonia y Carmen y a todos los anónimos!

Y gracias por último a doña Asunción Balaguer, gran dama de nuestra escena y una de nuestras más prestigiosas y apreciadas actrices, por habernos honrado con su presencia, por su apoyo moral y por haber compartido con nosotros algo de su preciado tiempo. ¡Gracias, doña Asunción!


Un pequeño reportaje emitido en Antena 3 en el telediario de las 3 de la tarde, y luego por la noche en el telediario de las 10, sobre Los Cojones 33 y con los actores de la película como protagonistas. Un ensayo de Alfombra roja de lo que sería luego por la tarde... pero no adelantemos acontecimientos.


Estamos a falta de una semana para el estreno. Y desde que terminamos el rodaje hasta este preciso momento, todo ha sido frenético. Para empezar ha habido que ver los más de 10 horas de metraje que se han rodado al final… y no una vez. Después de elegir los mejores cortes, ordenarlos, ponerlos unos detrás de otros para completar el montaje. Y volver a verlos. Y no una ni dos veces. Volver a ordenarlos para mejorar el ritmo total y, una vez satisfechos, recortar un poco todo porque nos hemos ido de tiempo. ¿A ti qué te parece? Pues no sé, vuelve a darle a ver… así cuatro, cinco, diez veces… ya está.

Estamos todavía dentro de plazo, lo que es una buena noticia, pero Gonzalo, el músico, tiene que estar prácticamente día y noche con la banda sonora. No son canciones sueltas, sino que hay que hacer que la música, compuesta ex profeso para esta película, exprese lo que queremos decir, acorde con lo que está pasando en la pantalla, algo que llaman Mickey Mousing.

Entre tanto hay que liarse con la posproducción propiamente dicha. El color de los fotogramas hay que igualarlo, para que tengan cierta continuidad y las variaciones de luz no hagan que parezcan escenas independientes. A eso se le llama Etalonaje y hay que hacerlo plano a plano. Nuestra película tiene unos 500 planos. 500 planos… ¿A quién coño se le ha ocurrido meter tantos planos?

A la vez, hay que cuadrar el sonido obtenido con los micrófonos con el movimiento de la boca, de todas las bocas, para completar una pista de audio limpia. Lo que supone encontrar el corte bueno entre decenas de ellos. Y una vez terminado esto, tenemos que introducir los ruidos producto de la acción (que si una puerta cerrándose, el golpeo de un martillo, las ruedas de un carrito rodando por el asfalto), añadir sonido ambiental (pajaritos piando, el murmullo de la gente cuchicheando, el tráfico), efectos…

Estamos a una semana del estreno y nos falta todavía mucho por hacer…

¿Llegaremos?


De las 29 localizaciones previstas, seis o siete eran en exteriores. En principio, rodar en exteriores o hacerlo en interiores es lo mismo, salvo por el detalle de que se está en la calle. Y que hay gente pasando, y que el viento se cuela en los micros, que la luz no es controlada y que una nube puede fastidiar un plano y que para los pájaros ya ha llegado la primavera y pian, pian, pian sin parar… pero por lo demás, es lo mismo.

Agrupamos cuatro de esas localizaciones en un mismo día, para facilitar el traslado de material, y nos liamos a rodar. Aquí hay un pequeño resumen fotográfico de la jornada.


Todo comenzó con una llamada de teléfono a una hora tardía de la noche, lo suficientemente tardía como para suponer que no era una teleoperadora ofreciendo una oferta de ADSL; o un crédito personal preconcedido del banco amigo, a un tipo de interés más de primo que de amigo. Era mi hermano.

Me empezó a contar el contenido de otra llamada de teléfono que había tenido él segundos antes y que, de alguna manera, me incumbía. Resumiendo: el ayuntamiento había pensado en organizar una actividad para los mayores del pueblo. Una actividad diferente y lo suficientemente original como para llamar su atención. Y habían pensado en nosotros para dirigirla.

La actividad era, como no, realizar un cortometraje en el que los mayores del pueblo participaran activamente, tanto delante como detrás de la cámara. Algo que, sin duda, nunca se ha hecho antes.

“¿Tú te apuntarías?”, me preguntó mi hermano. Yo me apunto a un bombardeo.

Quedábamos emplazados a una reunión con el ayuntamiento dos días después, para entrar en detalles y para, si se podía, establecer el argumento de la película.

Y nos pusimos a pensar…