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El cartel de Los Cuentos de la Taberna del Escocés con casi todo el elenco

El cartel de Los Cuentos de la Taberna del Escocés con casi todo el elenco

Toda elección requiere descartar todas las posibilidades hasta quedarse con una.

Eso es lo que se hace en un cásting: descartas actores para los diferentes papeles. Es inevitable. Y, quizá, ese sea un momento crítico para la película. Siempre queda la duda de que el elenco seleccionado sea realmente el mejor para interpretarla. Y no ya porque llegado el momento no lo hagan bien, sino porque no haya química entre ellos.

Hasta el momento he participado en dos cástings y, al finalizar la reunión de elección de actores, siempre me ha asaltado la misma duda: ¿Serán los mejores? En La Taberna del Escocés tuvimos mucha suerte, ya que los actores elegidos como primera opción nos digeron que sí. Y, a la postre, se demostró que había química entre ellos y no defraudaron a nuestras espectativas, sino todo lo contrario.

¿Pasaría lo mismo en LC33?

Así que no es de extrañar que la mañana en que hicimos la primera lectura de guión tanto mi hermano como yo fuéramos con cierto nerviosismo. Porque, para empeazar, escucharíamos las voces de nuestos personajes, veríamos el ritmo del corto y, sobre todo, veríamos si había química entre ellos. ¡Qué nervios!

Supongo que las carcajadas que nos provocaron durante la lectura terminaron por dinamitar los nervios.

¡Tenemos elenco!


Los actores son una parte muy importante de una película. Un buen director, con un buen guión, puede hacer una malísima película si tiene malos actores. Por el contrario, un mal director, con un buen guión, puede salvar el producto final si tiene buenos actores. Así que elegir a unos buenos actores es crucial (porque está por ver que seamos buenos directores). Y para eso se inventó el cásting, o como se dice en castellano: la audición.

Dadas las premisas desde las que partíamos para esta película, teníamos que buscar un gran número de actores. No sólo tenemos el papel de Teresa y de Mariano, como protagonistas, o de Ramón como elemento de discordia. Necesitábamos un nutrido grupo de secundarios: Arturo, el militar de carrera; Dolores, la amiga “picantota”; Vicente, el pelota; Juana, la entrañable abuelita… y así, hasta llegar a quince.

El Ayuntamiento reservó una tarde el teatro municipal, que será también donde se estrene el cortometraje cuando lo terminemos, para que los mayores apuntados hicieran la prueba. Y nosotros teníamos dos misiones esa tarde: encontrar a nuestro elenco de actores y, también, hacerles pasar un rato divertido.

Ellos no sé si se lo pasaron muy bien, entre otras cosas porque la mayoría estaba muy nervioso y muchos no se sabían el papel demasiado bien. Pero yo he de admitir que me lo pasé estupendamente. Y ya no sólo por las entrevistas en la radio y en la prensa escrita, ni tampoco porque viniera Telemadrid y nos grabaran en directo. Sino porque los mayores se involucraron y quedó un casting ameno.

A falta del vídeo de Madrid Directo, que hemos pedido y han prometido mandar en DVD, os dejo con una gran película, llena de secundarios de lujo (y que demuestra que la elección de actores es fundamental).