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Y llegó el gran día.

El estreno es un acontecimiento excitante y, en cierta forma, hasta estresante. Porque, como autores, sabemos dónde hay que mirar en la pantalla y qué es lo que quieren decir exactamente los personajes con sus palabras o sus gestos. Pero a fuerza de verla una y otra vez, en la cabeza y en los monitores de previos, hemos perdido la perspectiva de la historia. ¿Hará gracia? ¿Se entenderá? ¿Sabrá la gente apreciar la sutileza de tal o cual comentario? Y pregunta más importante de todas… ¿Gustará?

En el estreno todas esas preguntas se ven contestadas.

La alfombra roja, la limusina de la que bajan guapos y guapas con sus mejores galas, los aplausos del público, las fotos… todo eso forma parte del estreno. Normalmente del estreno de un largometraje, pero casi nunca del estreno de un cortometraje. En realidad creo que es la primera vez que se hace algo así. Y, en mi modesta opinión, fue algo brutal.

Asunción Balaguer ejerció de madrina del evento, hubo palabras de agradecimiento por parte de los directores (improvisadas) y un genial discurso de Juan Manuel (muy preparado). Y, finalmente, se proyectó la película.

¿Gustó? No puedo responder por todos los allí presentes, pero yo diría que…


Estamos a falta de una semana para el estreno. Y desde que terminamos el rodaje hasta este preciso momento, todo ha sido frenético. Para empezar ha habido que ver los más de 10 horas de metraje que se han rodado al final… y no una vez. Después de elegir los mejores cortes, ordenarlos, ponerlos unos detrás de otros para completar el montaje. Y volver a verlos. Y no una ni dos veces. Volver a ordenarlos para mejorar el ritmo total y, una vez satisfechos, recortar un poco todo porque nos hemos ido de tiempo. ¿A ti qué te parece? Pues no sé, vuelve a darle a ver… así cuatro, cinco, diez veces… ya está.

Estamos todavía dentro de plazo, lo que es una buena noticia, pero Gonzalo, el músico, tiene que estar prácticamente día y noche con la banda sonora. No son canciones sueltas, sino que hay que hacer que la música, compuesta ex profeso para esta película, exprese lo que queremos decir, acorde con lo que está pasando en la pantalla, algo que llaman Mickey Mousing.

Entre tanto hay que liarse con la posproducción propiamente dicha. El color de los fotogramas hay que igualarlo, para que tengan cierta continuidad y las variaciones de luz no hagan que parezcan escenas independientes. A eso se le llama Etalonaje y hay que hacerlo plano a plano. Nuestra película tiene unos 500 planos. 500 planos… ¿A quién coño se le ha ocurrido meter tantos planos?

A la vez, hay que cuadrar el sonido obtenido con los micrófonos con el movimiento de la boca, de todas las bocas, para completar una pista de audio limpia. Lo que supone encontrar el corte bueno entre decenas de ellos. Y una vez terminado esto, tenemos que introducir los ruidos producto de la acción (que si una puerta cerrándose, el golpeo de un martillo, las ruedas de un carrito rodando por el asfalto), añadir sonido ambiental (pajaritos piando, el murmullo de la gente cuchicheando, el tráfico), efectos…

Estamos a una semana del estreno y nos falta todavía mucho por hacer…

¿Llegaremos?


De las 29 localizaciones previstas, seis o siete eran en exteriores. En principio, rodar en exteriores o hacerlo en interiores es lo mismo, salvo por el detalle de que se está en la calle. Y que hay gente pasando, y que el viento se cuela en los micros, que la luz no es controlada y que una nube puede fastidiar un plano y que para los pájaros ya ha llegado la primavera y pian, pian, pian sin parar… pero por lo demás, es lo mismo.

Agrupamos cuatro de esas localizaciones en un mismo día, para facilitar el traslado de material, y nos liamos a rodar. Aquí hay un pequeño resumen fotográfico de la jornada.


¿Cómo se hace una escena que estaba planificada con un pavo de 12 kilos cuando te traen un pollo asado de tamaño pequeño con una cantidad indeterminada de plumas de pavo real ensartadas por el culo? La respuesta es sencilla: improvisando mucho.

Una de las cosas buenas de contar con Ramiro en el reparto es que él está muy acostumbrado a resolver situaciones parecidas encima de un escenario y con público. Así que cogió las riendas de la escena, condujo a José Luis y Juan Manuel de la mano y nos sacó las castañas del fuego. Y Carmina y Margarita tomaron buena nota de lo que tenían que hacer.

Otro problema: la luz necesaria para resolver la escena de la puerta giratoria estaba totalmente fuera de nuestro alcance. Con los escasos 6 focos de teatro que tenemos a nuestra disposición, no sería posible crear el contraluz necesario. Pero lo resolvimos. Ahora sólo queda por ver si el resultado es el que esperábamos.



Otra de las localizaciones en las que se desarrolla la película es la casa de Ramón, el hogar de nuestro silencioso y peculiar personaje. El lugar elegido fue la casa de Ranamán, un conocido rapero local y, sobre todo, amigo, el cual cedió gustoso (o no) su casa para montar la escena. Desembarcamos allí, se lo pusimos todo por medio y rodamos todo.

Algunas fotos:



Siendo “De Ordago” uno de los nombres para la película que barajamos al principio, el mus tendría un especial protagonismo. El mus, ese juego tan español. Hay que ver la inmersión cultural anglosajona que tenemos. Hemos visto hasta la saciedad partidas de póker en el cine, pero apenas se han visto partidas de mus. Y eso que en España hay mucha afición. Y nosotros queríamos romper con ese vacío.

El rodaje se dividió en dos jornadas y por motivos de la complejidad se dejó para un fin de semana. El primer fin de semana completo dedicado a la película. Un fin de semana muy duro, sobre todo para todos los figurantes: muchísimas horas de pie. La verdad es que no podemos más que agradecer a todos la colaboración.

Aquí hay una primera tanda de fotos.