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El truco final, de Christopher Nolan

El truco final, de Christopher Nolan

Míralo. Ahí está el guión, terminadito. Y, oye, que no ha quedado nada mal. Tiene su presentación, su nudo (con lo complicado que es) y su desenlace. Es el momento de pasárselo al departamento de producción, para que hagan el desglose de escenas y una primera planificación, aunque sea provisional.

Pasan los días y los de producción ya tienen bastante adelantado el desglose. Pero, tras otra lectura del guión, nos damos cuenta de que el personaje principal no está bien definido del todo. O sea, nosotros sí sabemos cómo es el personaje, pero a lo mejor el espectador no. Así que hay que arreglarlo.

Los guiones son básicamente una sucesión de anticipaciones y cumplimientos. Una anticipación es un recurso, una imagen, un comentario aparentemente casual, algo que nos anticipa lo que va a pasar varios minutos después. Una buena anticipación es sutil y no se nota, pero nos resulta evidente cuando ha ocurrido el cumplimiento. Un ejemplo muy bueno de película con anticipaciones sutiles es El truco final, de Christopher Nolan. Un buen ejemplo de una película con malas anticipaciones es Avatar, de James Cameron, porque resultan tan evidentes que desvelan lo que va a pasar.

El problema que tiene introducir un elemento nuevo en un guión ya escrito es que ese elemento tendrá su cumplimiento y su anticipación. Así que una modificación pueden ser en realidad dos. Pero a veces son más. Los cambios van en cascada. Y no sería mayor problema… si no fuera por el trabajo ya iniciado por producción.

Somos unos guionistas muy odiados ahora mismo.

La modificación de la presentación de Mariano provocó cambios en las escenas 1 y 2, que pasaron a ser 1, 2, 3 y 4. La famosa escena 15 pasó a ser la 17, y la 18 se dividió en dos, pasando a ser la 20 y 21. Dicho así parece fácil… pero explícaselo tú a la directora de producción… que a mí me da miedo…

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El cine es como un cómic en movimiento. Y, salvo en el caso del cine iraní, vietnamita o bengalí que podamos ver por aquí, incluso tiene mucho menos que leer. Pero, en esencia, una película se puede llevar al cómic, y al revés. Vale que el cine es más rico en matices, pero un cómic te lo puedes meter en el baño.

Una vez que se tiene el guión “literario” más o menos terminado, partiendo del hecho de que un guión nunca se termina del todo, hay que transformarlo en imágenes. A medida que íbamos escribiendo también íbamos pensando en planos y en movimientos de cámara. Digo íbamos, pero esa parte caía más en el lado de mi hermano.

El guión literario tiene una cosa muy curiosa. Dice, por ejemplo: “TERESA se sienta. MARIANO la mira desde lejos”. Y eso se transforma en tres planos: el primero, plano medio, donde se ve la silla desde el frente, las amigas de Teresa ya sentadas mirando como se empieza a sentar Teresa; otro, un primer plano, la cara de Mariano; y un tercero, general para situar la acción dentro del espacio, donde se ve parte de la cabeza de Mariano desde detrás y Teresa terminando de sentarse.

Y esto implica otro montón de cosas: dónde se va a poner la cámara (si hay hueco físico en la localización o hay que “trampear”), si hace falta o no una grúa o una dolly (un carrito con ruedas donde va apoyada la cámara, mientras el “maquinista” empuja o tira a la orden de ya), los objetivos a usar, la iluminación, el atrezo, los figurantes que aparecen… y esto hay que hacerlo ¡por cada plano!

Para que os hagáis una idea, en un día de trabajo normal de una película, se ruedan entre quince y veinte planos. La escena más complicada de nuestra producción, la escena número 15, tendrá más de 60. Pero nosotros sólo tendremos dos días para rodarla. Ya os dije que la escena número 15 saldría más veces en el blog…

Una guía fundamental para no perderse entre tanto plano es el storyboard (el guión gráfico), que es grosso modo una recopilación de los planos dibujados en un papel uno detrás de otro. El story puede ir desde un conjunto de bolitas con ojos hasta algo más sofisticado. Nosotros, por suerte, contamos con un gran dibujante. Y estos son algunos de los planos con los que contamos ya:

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Por cierto, no intentéis sacar un argumento de los dibujos.


Hay un episodio de Frasier, la magnífica serie de televisión de psiquiatra de Seattle, en la que él y su hermano Niles se enfrascan en la escritura de un libro de psicología sobre hermanos. Para ello alquilan una habitación de un hotel, para no ser molestados, y se encierran durante un fin de semana dispuestos a darle al editor los tres capítulos prometidos.

Tras 48 horas, un mueble bar consumido entero (incluso las nueces de Macadamia, con lo caras que son), y un montón de botellas de vino vacías, sólo consiguen tener lista el primer párrafo:

Desde Rómulo y Remo hasta las hermanas Lennon, las relaciones fraternas han inspirado el debate psicológico en el mundo entero.

Pues algo así nos pasó a mi hermano y a mí con la primera escritura del guión. Nos encerramos un domingo en mi casa y, tras una jornada maratoniana de casi doce horas, no terminamos el guión. De hecho, sólo dejamos completamente terminada la escena clave de la película: el primer punto de giro y presentación del conflicto. Nosotros llamamos internamente a esa escena como “la número quince”, y segúramente nos refiramos a ella en más ocasiones, porque es con diferencia la escena más compleja de toda la película. En ella salen 10 actores con frase (los siete principales y otros tres más) y medio centenar de figurantes.

Vale que, por el camino, definimos la personalidad de los personajes principales y terminamos de fijar los diferentes nudos de acción. Pero lo escrito sólo representaba cinco páginas de las veinte que se le presuponían al corto.

Había que buscar un momento para escribir lo que faltaba. Pero antes… antes había que hacer la presentación oficial del proyecto a la gente…