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De las 29 localizaciones previstas, seis o siete eran en exteriores. En principio, rodar en exteriores o hacerlo en interiores es lo mismo, salvo por el detalle de que se está en la calle. Y que hay gente pasando, y que el viento se cuela en los micros, que la luz no es controlada y que una nube puede fastidiar un plano y que para los pájaros ya ha llegado la primavera y pian, pian, pian sin parar… pero por lo demás, es lo mismo.

Agrupamos cuatro de esas localizaciones en un mismo día, para facilitar el traslado de material, y nos liamos a rodar. Aquí hay un pequeño resumen fotográfico de la jornada.


Mañana soleada, un buen presagio para los exteriores de la tarde. Aunque los pronósticos no eras halagüeños, todos sabemos que no aciertan nunca. O eso queríamos pensar. De todas maneras la escena de la iglesia era a cubierto y en un entorno controlado.

El actor que iba a hacer de cura se puso malo (pero malo de ir a urgencias) el día de antes, y tomamos la decisión de que fuera uno de los actores que ya intervino en la escena de los puros. Nos parecía lógico que entre los asistentes esa escena estuviera un representante del clero.

Así que le vestimos con la ropa de misa confeccionada por el taller de costura y le pusimos delante del altar. Algunas fotos del proceso, tomadas con un móvil.


Una vez creados los personajes hay que situarlos en el escenario. Una película no es como el teatro: los escenarios, en general, son lugares reales. Y muy concretamente en esta película, que cuenta con un presupuesto tirando a bajo, muy bajo, no tendremos posibilidad de construir un decorado. Así que nos ha tocado recorrernos las calles de Pinto, buscando localizaciones. Por suerte también contamos con muchas dependencias municipales para elegir.

Para que os hagáis una idea de la magnitud del proyecto, en “Los Cuentos de La Taberna del Escocés”, nuestro anterior trabajo, contamos con cinco localizaciones. Dos de ellas eran un bar de verdad. Otra, una nave industrial donde colgamos una enorme tela azul y que al final se convirtió en los “exteriores”, el baño de una asociación de niños disminuidos de Parla, y por último, la parte de abajo de casa de mis padres. Y, todo ello, por la magia del cine, se transformó en una taberna portuaria.

En esta última película contaremos con 23 localizaciones. Efectivamente: 23. Que se dice pronto. Una locura de transporte y montaje de material. Y contando con muchos exteriores, un continuo mirar al cielo: porque marzo no es precisamente un mes tranquilo, en lo meteorológico.

Cuando se usa una localización no se suele ir y grabar nada más. Que va. Hay que situal las luces principales, la luz de relleno y la luz de corte. Montar la grua (si procede), los rieles para la dolly (si procede), tripodes, pértiga de sonido… Añadir los elementos necesarios para la hitoria, decoración y atrezo. Hay que montar la mesa de sonido, los sets de maquillaje, de vestuario y, cómo no, el catering.

Y todo esto en 23 lugares diferentes.

Podéis echar un ojo a algunas de ellas en las fotos y luego, cuando veáis la película, jugar a descubrirlas en la pantalla.

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