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Si el primer día de rodaje fue “tranquilo”, para empezar flojito, el segundo ya tuvo el ritmo que necesitaremos para terminar a tiempo: seis escenas en tres localizaciones diferentes (por suerte todas en el mismo edificio)  y veintitantos figurantes. Previsores que somos, habíamos dejado preparada la iluminación y la escenografía el día de antes, con lo que “sólo” nos dedicamos a rodar.

Empezamos con lo más complejo: la escena del aula de informática. Como el aula de informática de verdad no se adecuaba a lo que queríamos, convertimos la biblioteca en nuestro particular escenario, con el consiguiente montaje de ordenadores y pantallas, ratones y teclados. Elementos que, detalle importante, luego hubo que recoger. Esto nos llevó toda la mañana.

La tarde fue más problemática.

A alguien se le olvidó desconvocar el baile de todos los domingos y nadie avisó al grupo de scauts que su aula estaba invadida por un equipo de cine. Así que tuvimos que reducir al mínimo nuestra presencia en el salón de baile, lugar donde rodábamos la escena 22 (cuyo nombre en clave no puedo desvelar porque adelanta cosas de la trama… y estaría feo). El problema era que esta escena era la única que no se había preparado del día de antes, y fuimos a matacaballo. Tan a matacaballo que no nos dimos cuenta de algunos elementos que no tenían que verse en pantalla y que, tras el montaje, se veían. Esta escena será la primera (y espero que última) que tendremos que repetir (por fuerza no puede haber muchas más, porque días no tenemos). Pero esta vez con más tranquilidad.

Por último, nos tocaban las dos escenas en “el nido del águila”, que ya se nos dieron un poco mejor. Salvo por el pequeño problema de que el sonido del salón de baile y de la asamblea de scauts se colaba de vez en cuando y nos obligaba a repetir la toma.

Como espero que sea costumbre, os dejo con algunas fotos. Esta vez también son de Mariu.

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Una vez creados los personajes hay que situarlos en el escenario. Una película no es como el teatro: los escenarios, en general, son lugares reales. Y muy concretamente en esta película, que cuenta con un presupuesto tirando a bajo, muy bajo, no tendremos posibilidad de construir un decorado. Así que nos ha tocado recorrernos las calles de Pinto, buscando localizaciones. Por suerte también contamos con muchas dependencias municipales para elegir.

Para que os hagáis una idea de la magnitud del proyecto, en “Los Cuentos de La Taberna del Escocés”, nuestro anterior trabajo, contamos con cinco localizaciones. Dos de ellas eran un bar de verdad. Otra, una nave industrial donde colgamos una enorme tela azul y que al final se convirtió en los “exteriores”, el baño de una asociación de niños disminuidos de Parla, y por último, la parte de abajo de casa de mis padres. Y, todo ello, por la magia del cine, se transformó en una taberna portuaria.

En esta última película contaremos con 23 localizaciones. Efectivamente: 23. Que se dice pronto. Una locura de transporte y montaje de material. Y contando con muchos exteriores, un continuo mirar al cielo: porque marzo no es precisamente un mes tranquilo, en lo meteorológico.

Cuando se usa una localización no se suele ir y grabar nada más. Que va. Hay que situal las luces principales, la luz de relleno y la luz de corte. Montar la grua (si procede), los rieles para la dolly (si procede), tripodes, pértiga de sonido… Añadir los elementos necesarios para la hitoria, decoración y atrezo. Hay que montar la mesa de sonido, los sets de maquillaje, de vestuario y, cómo no, el catering.

Y todo esto en 23 lugares diferentes.

Podéis echar un ojo a algunas de ellas en las fotos y luego, cuando veáis la película, jugar a descubrirlas en la pantalla.

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