Posts etiquetados ‘Juan Manuel Suárez’


Bajando de la limusina

Bajando de la limusina

¡Acción! Nos citan en el hotel. Nos saludamos, departimos. ¡Que vestido tan bonito! ¿Es nuevo? No, es de la boda de mi hija. ¡Pues me gusta mucho! ¡Gracias! A mi me gustan mucho tus pendientes. Son un regalo de mi…, esposo. ¡Qué buen gusto que tiene! Bueno, ya sabes, una insinúa…

Llega doña Asunción Balaguer. Unos se acercan y la saludan efusivamente. Otros se mantienen tímidamente apartados. ¡Es una gran señora: sencilla, cercana, lúcida!

Llegó la hora. Nos colocan una frágil e inestable banqueta para acceder a una gran limusina. Nos introducimos en ella casi a gatas. Encontramos un asiento para ubicar nuestras posaderas. Las articulaciones chirrían. ¡Maldita artrosis! Yo me pregunto: ¿No hubiera sido más saludable, original y espectacular haber organizado un brillante desfile en el que cada uno de nosotros condujera una silla de ruedas motorizada con banderitas y globos de colores y cuya comitiva la abriera una fanfarria y estuviera escoltada por un escuadrón de la policía municipal a caballo con banda de timbales y cornetas?

Iniciamos la marcha por la calle Alpujarras abajo. Un resalto en la calle. La limusina salta y comprobamos in situ la dureza de sus amortiguadores. ¡Ya tendré contusionado el coxis durante tres meses! ¡Con lo que eso duele! Otro resalto. ¡Ya tendré para seis meses un hematoma en la región coxal! Menos mal que no me lo veo. Llegamos a la altura del teatro. La limusina no se detiene. ¿A dónde vamos? Al cuartel de la guardia civil. ¿Esto es un limusina o un coche celular de la policía? Nos tememos lo peor. ¡Uf! ¡Menos mal! ¡Qué alivio! El vehículo rodea la rotonda e inicia la subida por la calle Alpujarras. Seguro que ya volvemos hacia el teatro. O quizás regresemos al hotel a recoger a algún compañero prostático que se haya quedado en el baño. Aquí ya todo es posible. Pues no, suspiramos.

El elenco

El elenco

Aparcamos delante del teatro. ¡Qué gentío! ¡Qué griterío! ¡Qué algarabía! Bajad con cuidado. Nos colocan en la acera la banqueta de los cojones. ¿Tendrán estos un seguro de accidentes o de responsabilidad civil? Otra vez a gatas en el habitáculo del coche. ¡A ver si ahora me despeino con lo que me ha costado la peluquería! ¡Ten cuidado, a ver si te pisas el borde del vestido y sales del coche disparada como una mujer bala! Ponemos pie en tierra afortunadamente indemnes. ¡Que voces! ¡Qué gritos! Estos se creen que no llevamos puesto el sonotone. Un grupo de animación con una indumentaria andaluza “canta” con estridentes gorgoritos.

¡La alfombra roja! ¡Qué ilu! De aquí a Hollywood. Fotos y más fotos. Llegamos al photo call (¡hay que aprender inglés, el castellano está en regresión!). ¡Me has dado un codazo en el hígado! ¡Y ahora me has dado un pisotón en al callo! Perdona, es que quiero salir en la foto. Es que como sigas moviéndote no sales…., con un hueso sano.

Entramos en la sala. Ya se aproxima el momento. ¡Qué nervios! El grupo de animación trata de realizar su cometido. ¡Nosotros queremos ver la película! Salen los dos directores, Kike y Javi, a improvisar unas palabras con su habitual estilo irónico y zumbón. Me dan la palabra. Pongo mi cara habitual. De Buster Keaton. ¡Lo que nos faltaba! ¡Nosotros queremos ver la película! Este coge el micrófono y no lo suelta. Adivino sus pensamientos. ¡Estos se van a enterar! No os preocupéis, sólo os voy a leer cincuenta y dos folios. La gente se remueve en su asiento. Se agita. Se masca la tragedia. ¡Milagro! No ha habido repateo ni me han silbado. ¡Qué buenos son! ¡Con este público es que da gusto!

Asunción Balaguer

Asunción Balaguer

Doña Asunción Balaguer sube al escenario y agradece la invitación de los organizadores del evento. Una enorme ovación la emociona. ¡Ya! ¡Ya! Yo quiero ver la película. Risas, aplausos. La gente se divierte ¡Qué bueno es el público! La clac la hemos puesto nosotros. De nada. Al fin y al cabo son los cónyuges, los hijos, los nietos, los amigos…¿Y el baile? A mi no me gusta la película. No me he visto en el baile. Yo quiero verme en el baile. Yo quiero verme en el baile. Pero, ¿de verdad no te has visto? Tienes que graduarte la vista. Pelillos a la mar.

¡Corten! ¡Toma buena! ¡Bien………!


Juan Manuel, hace de Arturo

Juan Manuel, hace de Arturo

Por fin llegó el gran día. El día más esperado por nosotros. Un día memorable que permanecerá con toda seguridad en el recuerdo de nuestros nietos y que estamos convencidos de que será digno de ser especialmente recordado, entre otras razones:

Por ser un mediometraje extraordinariamente divertido, trepidante y de gran comicidad, por la singularidad de sus protagonistas y por el espectacular trabajo de producción de un joven equipo de realización que con su fabulosa creatividad, su laboriosidad, su perfeccionismo y su profesionalidad han culminado con éxito, (estoy completamente seguro,) un dilatado proceso de creación cuyo resultado todos estamos ansiosos por presenciar.

Para nosotros, los mayores de Pinto, ésta ha sido una experiencia realmente divertida, enriquecedora, gratificante e inolvidable. Es cierto que hemos pasado por momentos muy duros e inquietantes, empezando por el dichoso casting, en que el objetivo de la cámara nos intimidó a la mayoría y nos ofuscó la mente de un modo sorprendente y frustrante; o por algunas agotadoras jornadas de rodaje; o, como en mi caso, cuando van y te dicen: “tienes que aprenderte esta coreografía, vestirte con tus mejores galas, atarte sendos pañuelos de colores en las muñecas y danzar durante toda la tarde en la plaza de la Constitución con gráciles movimientos cual si de una garbosa o pizpireta gogó se tratara”. O como cuando te entregan una voluminosa caja envuelta con papel de regalo y te hacen pasar toda una calurosa tarde corriendo por las calles del barrio del Prado en pos del desleal mudito de los “………” O como cuando tuviste que hacer un exhaustivo seguimiento del sujeto, con un walky talky en la mano y dando atronadoras voces a mi colega, en un diálogo de besugos, porque no se me enteraba de nada, ante el asombro de los peatones y encima en uno de los lugares más transitados del pueblo: el Egido de la Fuente. O como cuando te dicen que enarques la cejas, guiñes un ojo, saques la lengua o esboces disimuladamente un beso a tu compañero de mus al que, por cierto, considero tan machote como yo…

Hablando en serio, he de confesaros que hemos disfrutado de una experiencia realmente maravillosa realizada con toda ilusión y con el mayor sentido de la responsabilidad. Una experiencia que ha elevado nuestra propia estima debido ante todo a la confianza depositada en nosotros por todo este fantástico equipo artístico.

Hemos conocido y convivido durante un tiempo con entrañables compañeras y compañeros con los que hemos compartido temas de conversación, bromas y situaciones jocosas. Hemos traspasado la pantalla en definitiva y nos hemos adentrado en los secretos de aquello que por obra y gracia de estos magos fantásticos se transforma en esa magia del cine que nos hechizó por primera vez hace ya muchos años.

Hemos tenido la suerte y el placer de compartir el rodaje con actores expertos y consagrados, como Antonio Esquivias, actor sobre todo de doblaje, de voz cálida y profunda, o como mi compañero Ramiro del Pozo, riguroso, temperamental y con muchas tablas ya en la interpretación, que nos han motivado y nos han servido de ejemplo en numerosas ocasiones. Y también hemos degustado las deliciosas croquetas y los postres varios con que nos ha obsequiado la señora de Castelló, madre de los artífices de esta historia, Kike y Javi, y las sabrosas tortillas que aportó la madre de nuestro productor, David, y aquella gustosa ensalada que elaboró nuestra compañera Neli o las nutritivas migas de nuestra colega Manoli…

Y para finalizar tenéis que reprimir vuestra ansiedad y darme unos segundos más para poder expresar públicamente nuestro reconocimiento a todo el equipo que ha hecho posible esta película, con precariedad de medios financieros, personales y técnicos, pero con la enorme sensibilidad, cariño, consideración y simpatía que nos han brindado en todo momento. No puedo resistir la tentación de mencionar con gratitud al equipo de producción por su simpatía, eficiencia, cordialidad y polivalencia: ¡Gracias David Manzano, Tania Espada y José Manuel!; al director de arte, polivalente, educado y laborioso: ¡Gracias Ricky!; a las chicas de maquillaje, guapas, amables y profesionales, que enmascararon con destreza nuestras muchas imperfecciones cutáneas: ¡Gracias María, Saioa, Tania, Sonia, Pilar y Manoli!; a las chicas de vestuario, bellas, hacendosas y eficaces, siempre pendientes de nuestro atuendo, de la menor arruga o de la mota en el hombro. ¡Gracias Eva y Sonia!; al equipo de sonido, sigiloso y práctico, pendiente de las campanas de la iglesia o del más imperceptible roce. ¡Gracias Carlos 1, Carlos 2, Sergio, Héctor y Marcos! al gruísta, maquinista, actor y chico para todo, que manejaba con habilidad y simpatía su rústica dolly. ¡Gracias Juan Carlos “Apa”!; a la primorosa y meritoria ayudante de dirección, que lo mismo asesoraba que echaba una mano en maquillaje. ¡Gracias Cari!; a nuestros fotógrafos artísticos, silenciosos y merodeadores que nos sorprendían inesperadamente en cualquier situación. ¡Gracias Jose Manuel y Pedro! Y a Kike y Javi Castelló, guionistas, directores y cámaras, por vuestro arte y porque os lo habéis currado en definitiva, chicos. ¡Gracias Kike y Javi! Y ya sabéis, siempre a vuestra disposición. Aquí tenéis una nutrida cantera con mucho futuro, por cierto.

Nuestra gratitud, como no, al Ayuntamiento de Pinto que a través de su concejalía de Mayores nos ha brindado la oportunidad de participar en este proyecto y ofrecernos una actividad única e inédita. ¡Gracias Juanjo y Julia!

Y nuestro reconocimiento a todo el personal del Centro Santa Rosa de Lima por su desinteresado apoyo logístico y a aquéllos cuyos nombres no he mencionado por propio desconocimiento. ¡Gracias Diego, Miriam, Carmen, Isabel, Sonia y Carmen y a todos los anónimos!

Y gracias por último a doña Asunción Balaguer, gran dama de nuestra escena y una de nuestras más prestigiosas y apreciadas actrices, por habernos honrado con su presencia, por su apoyo moral y por haber compartido con nosotros algo de su preciado tiempo. ¡Gracias, doña Asunción!


 

Juan Manuel, hace de Arturo

Juan Manuel, hace de Arturo

Uno piensa que ya está de vuelta de todo. Cree que lo tiene todo controlado, que nada le puede fallar. Se ha aprendido en cuestión de segundos la frase que le han asignado para el casting. Presume de poseer una buena memoria. Es capaz de recitar con una buena modulación de voz y con una excelente dicción hasta una veintena de poemas. Tiene experiencia sobrada en hablar en público. Ha sido presentador de distintos eventos micrófono en mano. Y te colocan ante una cámara inquisitiva que va a registrar hasta lo más mínimos detalles de tu ser: tus gestos, tu expresión, tu mirada, tu sonrisa, tus arrugas, tus carencias, tu alma… Y te sientes desnudo, cohibido, nervioso, sudoroso, agitado, descontrolado. Estás ante el gigantesco ojo del Gran Hermano al que nada de tí se le escapa; estás inerme, vigilado, controlado empequeñecido… ¿Qué hacer? ¡Echarse a temblar! El objetivo de la cámara se muestra implacable y tú balbuceas la dichosa frase como un niño tembloroso al que le empiezan a oler los pañales. Te has desmoronado y la cámara te ha puesto en tu sitio: no eres perfecto; te queda mucho que aprender.

Juan Manuel Suárez