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Siendo “De Ordago” uno de los nombres para la película que barajamos al principio, el mus tendría un especial protagonismo. El mus, ese juego tan español. Hay que ver la inmersión cultural anglosajona que tenemos. Hemos visto hasta la saciedad partidas de póker en el cine, pero apenas se han visto partidas de mus. Y eso que en España hay mucha afición. Y nosotros queríamos romper con ese vacío.

El rodaje se dividió en dos jornadas y por motivos de la complejidad se dejó para un fin de semana. El primer fin de semana completo dedicado a la película. Un fin de semana muy duro, sobre todo para todos los figurantes: muchísimas horas de pie. La verdad es que no podemos más que agradecer a todos la colaboración.

Aquí hay una primera tanda de fotos.


Mañana soleada, un buen presagio para los exteriores de la tarde. Aunque los pronósticos no eras halagüeños, todos sabemos que no aciertan nunca. O eso queríamos pensar. De todas maneras la escena de la iglesia era a cubierto y en un entorno controlado.

El actor que iba a hacer de cura se puso malo (pero malo de ir a urgencias) el día de antes, y tomamos la decisión de que fuera uno de los actores que ya intervino en la escena de los puros. Nos parecía lógico que entre los asistentes esa escena estuviera un representante del clero.

Así que le vestimos con la ropa de misa confeccionada por el taller de costura y le pusimos delante del altar. Algunas fotos del proceso, tomadas con un móvil.


Si el primer día de rodaje fue “tranquilo”, para empezar flojito, el segundo ya tuvo el ritmo que necesitaremos para terminar a tiempo: seis escenas en tres localizaciones diferentes (por suerte todas en el mismo edificio)  y veintitantos figurantes. Previsores que somos, habíamos dejado preparada la iluminación y la escenografía el día de antes, con lo que “sólo” nos dedicamos a rodar.

Empezamos con lo más complejo: la escena del aula de informática. Como el aula de informática de verdad no se adecuaba a lo que queríamos, convertimos la biblioteca en nuestro particular escenario, con el consiguiente montaje de ordenadores y pantallas, ratones y teclados. Elementos que, detalle importante, luego hubo que recoger. Esto nos llevó toda la mañana.

La tarde fue más problemática.

A alguien se le olvidó desconvocar el baile de todos los domingos y nadie avisó al grupo de scauts que su aula estaba invadida por un equipo de cine. Así que tuvimos que reducir al mínimo nuestra presencia en el salón de baile, lugar donde rodábamos la escena 22 (cuyo nombre en clave no puedo desvelar porque adelanta cosas de la trama… y estaría feo). El problema era que esta escena era la única que no se había preparado del día de antes, y fuimos a matacaballo. Tan a matacaballo que no nos dimos cuenta de algunos elementos que no tenían que verse en pantalla y que, tras el montaje, se veían. Esta escena será la primera (y espero que última) que tendremos que repetir (por fuerza no puede haber muchas más, porque días no tenemos). Pero esta vez con más tranquilidad.

Por último, nos tocaban las dos escenas en “el nido del águila”, que ya se nos dieron un poco mejor. Salvo por el pequeño problema de que el sonido del salón de baile y de la asamblea de scauts se colaba de vez en cuando y nos obligaba a repetir la toma.

Como espero que sea costumbre, os dejo con algunas fotos. Esta vez también son de Mariu.


¡Silencio¡ ¡Cámara! ¡Acción!

Por diferentes motivos, el plan de rodaje previsto se fue al traste. Problemas de agenda de alguno de los actores principales, problemas de fechas para las localizaciones, problemas… un rodaje es solventar problemas y, con suerte, hacer una película entremedias. Así que, en base a esos problemillas de agenda, decidimos adelantar el rodaje a un fin de semana antes de lo previsto.

La escena elegida: la 29. Sólo Mariano y en una localización controlada. Para empezar no estaba mal.

La escena 29 es una escena curiosa. Nosotros la llamamos la escena del psicópata y apareció en la penúltima versión del guión porque necesitábamos una transición entre una escena más bien estática a una más dinámica. Iba a ser algo sencillo, cogiendo una de las ideas que nos habían propuesto desde arte en relación al atrezzo, y desarrollándola un poco. El caso es que se nos fue de las manos y, ahora, más que una transición, es una escena que define mejor al protagonista masculino y que dura como un minuto, más o menos.

Con todo, el rodaje de la 29 nos llevó toda la tarde, lo que sumado a la sesión de fotos promocionales de la mañana, se tradujo en algo de cansancio. Pero esta va a ser la tónica general, me temo.

Lo bueno es que la escena está ya montada y ha quedado muy chula. Claro que yo no soy objetivo… a falta de escena, una buena colección de fotos, todas ellas de nuestra fotógrafa Mariu.