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Si el primer día de rodaje fue “tranquilo”, para empezar flojito, el segundo ya tuvo el ritmo que necesitaremos para terminar a tiempo: seis escenas en tres localizaciones diferentes (por suerte todas en el mismo edificio)  y veintitantos figurantes. Previsores que somos, habíamos dejado preparada la iluminación y la escenografía el día de antes, con lo que “sólo” nos dedicamos a rodar.

Empezamos con lo más complejo: la escena del aula de informática. Como el aula de informática de verdad no se adecuaba a lo que queríamos, convertimos la biblioteca en nuestro particular escenario, con el consiguiente montaje de ordenadores y pantallas, ratones y teclados. Elementos que, detalle importante, luego hubo que recoger. Esto nos llevó toda la mañana.

La tarde fue más problemática.

A alguien se le olvidó desconvocar el baile de todos los domingos y nadie avisó al grupo de scauts que su aula estaba invadida por un equipo de cine. Así que tuvimos que reducir al mínimo nuestra presencia en el salón de baile, lugar donde rodábamos la escena 22 (cuyo nombre en clave no puedo desvelar porque adelanta cosas de la trama… y estaría feo). El problema era que esta escena era la única que no se había preparado del día de antes, y fuimos a matacaballo. Tan a matacaballo que no nos dimos cuenta de algunos elementos que no tenían que verse en pantalla y que, tras el montaje, se veían. Esta escena será la primera (y espero que última) que tendremos que repetir (por fuerza no puede haber muchas más, porque días no tenemos). Pero esta vez con más tranquilidad.

Por último, nos tocaban las dos escenas en “el nido del águila”, que ya se nos dieron un poco mejor. Salvo por el pequeño problema de que el sonido del salón de baile y de la asamblea de scauts se colaba de vez en cuando y nos obligaba a repetir la toma.

Como espero que sea costumbre, os dejo con algunas fotos. Esta vez también son de Mariu.


Nunca he tenido miedo a hablar en público. Una vez, de pequeño, me subí a un escenario a contar el chiste de mis tetas a un auditorio repleto de gente, y eso marca para el resto de la vida, para bien o para mal. Yo me sé las tres reglas básicas para controlar los nervios:

  • Beber un buen trago de agua antes de subir al escenario.
  • Aguantar la respiración durante 20 segundos antes de comenzar.
  • Aflojar el esfínter durante la charla.

Y luego, ser yo mismo. Mano de santo, oiga.

Cuando llegó el momento de hacer la presentación del proyecto ante los principales interesados (o sea: los mayores de Pinto) tenia estas tres normas en la cabeza. El evento sería en el centro de Mayores de Santa Rosa de Lima, en Pinto, y cuando llegué estaba todo preparado, con presentación Power Point incluida. Su escenario, su micrófono, su proyector… no se reparó en gastos.

No estaba confirmado, pero a final, el mismísimo alcalde de Pinto presentó el acto, ante un auditorio lleno. Estaba hasta la mamá de los directores. En los veinte minutos que habló el señor alcalde contó todo el proyecto, así que, cuando me pasó el micro para que yo hablara, dije:

Y no tengo nada más que añadir.

La gente aplaudió. Claro que no era cierto: sí que tenía más cosas que añadir.

Entre mi hermano y yo les contamos un poco por encima cómo se hace una producción, los pasos que hay que seguir y en qué momento nos encontrábamos. Les emplazamos a un día de enero próximo para el casting y les indicamos cómo tenían que prepararse las pruebas.

Luego vinieron las preguntas. Y un señor nos ofreció dos vespas y un descapotable, por si nos valían para la película.

Ocurrió otro hecho importante poco antes de la presentación. Una redactora de la cadena 8 Madrid Sur me llamó para concertar una entrevista en la tele con mi hermano y conmigo.

Pero eso lo contaré otro día. Ahora os dejo con el vídeo con el que terminamos la presentación. El último trabajo de Fuera de Contexto: